Aprender a controlar el iris y otras habilidades sorprendentes

El entrenamiento del control del iris desde edades tempranas puede resultar en habilidades sorprendentes

El ser humano nace con una serie de extraordinarias capacidades aunque, lamentablemente, para la mayoría de los mortales pasan desapercibidas por el desconocimiento o la falta de práctica.

Adaptar el ojo a la visión acuática o controlar la apnea son algunas de las aptitudes que pueden desarrollarse desde la más tierna infancia.

Ver bajo el mar

Si desde que llegamos al mundo insistimos en adaptar nuestra visión dentro del agua, de niños conseguiremos ver de forma tan nítida como en la superficie. Este ha sido el descubrimiento de la científica Anna Gilsen de la Universidad de Lund.

Hace más de trece años, Gilsen observó que los niños de una tribu Tailandesa, los Moken, eran capaces de adaptar el ojo a la visión submarina. La investigadora volvió, recientemente, a reunirse con este grupo y pudo confirmar que, los ahora adolescentes, continúan manteniendo esta habilidad.

La investigación demostró que conseguían esta facultad a través de una contracción máxima de la pupila: 1.96 mm en comparación con los 2.50 mm con otros infantes. “Hemos medido su agudeza visual y es más de dos veces mejor que la de los niños europeos”, indica Gilsen sobre su estudio.

La dependencia absoluta de esta población respecto al mar es lo que ha hecho que desarrollen este potencial. “Es una reacción que está muy poco documentada. Este grupo está vinculado al citado medio más de lo habitual y por eso consiguen que la pupila se estreche cuando bucean”, indica la Dra. Amina El Rudalbi, del Servicio de Oftamología del Hospital Universitario Sanitas La Zarzuela.

El entrenamiento como método

Lo que hace que nuestra visión se nuble bajo el agua es la refracción. Con este nombre se denomina a la desviación que sufren los rayos de luz al pasar de un medio a otro. El ser humano ha desarrollado un sistema que adapta este fenómeno en el aire. Sin embargo, cuando el medio es diferente –como el agua–, la imagen se proyecta en la retina desenfocada.

“La pupila reacciona a la luz, pero son mecanismos que responden al sistema nervioso y no se pueden regular. Si el cuerpo está relajado se dilata, pero cuando recibe una luz directa y potente se contrae de forma automática”, comenta la doctora.

“Los Moken son capaces de adaptar su ojo para ver bajo el agua gracias a que aprenden a contraer su pupila”

Por ello, no existe evidencia científica de que seamos capaces de regular el iris según nuestra voluntad.

Todos los niños pueden acomodar este órgano más que un adulto. Pero el esfínter del iris no lo puedes controlar, depende del sistema nervioso autónomo”, argumenta El Rudalbi, que incide en que este grupo ha conseguido esta capacidad debido a someter al ojo a diario a este medio.

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Dominar el equilibrio gracias al agua

Según un estudio desarrollado por la Norwegian University of Science and Technology, enseñar a nadar a bebés tiene resultados en el equilibrio. La investigación comparó a 19 recién nacidos nadadores con un grupo de control que no había participado en esta práctica.

Las personas que han nadado de pequeñas tienden a ser mejores en los ejercicios relacionados con el equilibrio (Alija / Getty).

València

Se sometieron a clases de natación dos horas a la semana desde los dos meses hasta los siete. A los cinco años se comparó el desarrollo de ambos colectivos. “Hemos comprobado que quienes nadaron de pequeños fueron los mejores en ejercicios relacionados con el equilibrio”, indicó profesor en psicología Hermundur Sigmundsson, uno de los responsables del proyecto.

Por su parte, el experto destacó que un entrenamiento específico en bebés puede tener unos resultados en la vida futura. “El desarrollo es una interacción dinámica entre la maduración, el crecimiento, la experiencia y el aprendizaje. Nuestro estudio demuestra que nunca hay que subestimar el aspecto de aprendizaje”, asegura Sigmundsson en un comunicado sobre su trabajo.

Pero no son los únicos beneficios de que se desprenden de esta práctica.

Según comenta la pediatra Marina Manzano en el site de natación para bebés Baby Swim: “El bebé empieza a tener nociones de desplazamiento y distancia que colaborarán en una mayor coordinación motriz y en mejora del aparato cardiorrespiratorio. Asimismo, el dominio de este medio le dará más seguridad e independencia ya que tiene noción de sus posibilidades y limitaciones”.

Fuente: http://www.lavanguardia.com/

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