ACÚFENOS EN LA INFANCIA

Igual que para el adulto, los acúfenos pueden exacerbarse en la niñez bajo stress o debido a trastornos emocionales por situaciones conflictivas familiares o en la escuela.

Mientras que muchos niños experimentan acúfenos, la mayoría no se queja de sentirlos porque lo integran como una experiencia de la vida diaria, o tal vez no se lo cuentan a sus padres porque no les gusta que piensen que escuchan ruidos imaginarios. Es muy importante permitir a los niños hablar de las cosas que les perturban.

En un estudio longitudinal de 30 niños de 11 años se detectó que 1/30 tenía acúfenos (Avon study).

Muchos profesionales no se sienten seguros tratando niños con acúfenos, porque piensan que hablar con ellos sobre su problema aumenta la magnitud del mismo, pero esto es lo más alejado de la realidad. El secreto es justamente animar a los niños a describirlo y escuchar cómo se sienten. Los pequeños no suelen asociar el acúfeno a eventos internos o a su estado de ánimo.

Para el niño la palabra acúfeno puede ser nueva, así que debemos saber cómo lo llama él y, si no tiene nombre, lo invitamos a ponérselo.

Los niños desarrollan habilidades imaginativas que podemos usar como guarniciones en el desarrollo de estrategias que serán muy significativas y útiles para ellos en la mejora, reducción o eliminación de los acúfenos.

Otro punto importante a destacar son los diferentes intereses de padres y niños cuando acuden a la consulta. Mientras que a los padres les preocupa saber si el acúfeno es el resultado de un tumor cerebral o de una actividad mental anormal, el niño lo único que quiere saber es cómo detenerlo para que no le asuste o moleste más.

Las historias familiares sobre las enfermedades, la falta de audición, la incapacidad o la hospitalización, nos darán datos sobre cómo enfrentar el tratamiento en ese entorno familiar. Si la familia cree que los acúfenos son muy importante para ese niño esto afectará a las interacciones entre ambos e influirá en las creencias del niño.

Cuando los padres ven el problema como parte integral de ellos mismos, es difícil cambiar su manera de pensar.

Hay que enseñar a padres y niños a externalizar el problema y a verlo como algo separado de su persona, reduciendo o minimizando así los pensamientos negativos e ideas inapropiadas.

Por tal motivo cuando se trabaje con niños no hablaremos de «tu acúfeno» sino «del acúfeno». Podemos usar el nombre que el niño otorgue a los acúfenos. Se invita al niño a dibujarlo o también pueden usarse juguetes que representen a los acúfenos, generándose así una relación de amistad para poder entrar de este modo en su mundo imaginario.

Jugar y dibujar es útil para describir sus ideas y sentimientos sobre el acúfeno, particularmente cuando las habilidades lingüísticas están limitadas.

Para abordar mejor la problemática es importante conocer los miedos y quejas que el niño tenga y los factores estresantes que lo modulan, con el fin de gestionar un tratamiento estratégico en base a estos datos.

Fuente: Gaceta Audio.

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